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sábado, 6 de abril de 2013

JÚPITER CRECIENTE. [Parte segunda]




De vuelta a casa el tráfico era inusualmente denso, quizás no se tratara más que de una coincidencia o quizás la gente había decidido alejarse de la gran ciudad y reunirse con sus familiares, puede que entre aquellas personas, al igual que en mi, el esperanzador mensaje televisivo no hubiera calado tan hondo, que una punzada en la nuca les susurrara que no todo era lo que parecía, que algo no marchaba bien, que no bastaba esta vez con tener fe ciega en quienes gobernaban, una fe sin recompensa ni sentido alguno. La punzada del sentido común, el menos común de los sentidos.

Las avenidas de la ciudad eran lo opuesto a las calzadas, se encontraban vacías y silenciosas y en ellas se respiraba ese clima de calma tensa que precede a las grandes tormentas. Conservo especialmente de aquel día el recuerdo de la pequeña capilla situada cercana a mi hogar, que lejos de estar desierta se asemejaba más a un hormiguero con un circular nervioso de personas en torno a ella. Pensé entonces en lo retorcido que sería dios si pretendiera destruirnos con una carambola cósmica de tal magnitud y en lo hipócrita que le resultaría que sus fieles acudieran a él ahora, después de haber dictado sentencia por sus pecados. En aquel momento pensé que disfrutaría viendo como, pasado el tiempo, la esperanza se extinguía en sus ojos dejándolos huecos y opacos, pensé así hasta que yo también la perdí.

La casa estaba vacía, una nota manuscrita sobre la mesa del salón aclaraba que mi madre había ido a buscar a Vera a la salida del colegio y que encontraría el almuerzo en la nevera, no tenía apetito en cualquier caso, así que me senté en el sillón y encendí el televisor.

El canal era irrelevante, todos emitían lo mismo, un programa especial sobre el evento anunciado esta mañana, uno de ellos llamó especialmente mi atención, se trataba de un debate entre supuestos expertos que tenían opiniones opuestas sobre lo que sucedería en adelante. El primero de ellos afirmaba que Júpiter estaba simplemente rectificando su órbita hacia una de menor radio donde se estabilizaría nuevamente y a suficiente distancia como para no afectar con su influencia el sensible orden del sistema solar.

El segundo esgrimía que Júpiter llegaría más allá y caería irremediablemente hacia el sistema solar interior en lo que quizás fuese el principio de un gigantesca órbita elíptica, pero aquel experto media tan bien sus palabras para no transmitir pánico que el evento parecía casi un regalo, Júpiter pasaría junto a nosotros dejando poco más que un precioso lienzo en el firmamento que sería recordado por generaciones, tal como lo haría un cometa al cruzar nuestro vecindario, un espectáculo inolvidable. Todos los planetas del sistema solar interior habían coordinado sus movimientos en un baile cósmico para que la única probabilidad de entre millones de que el coloso cruzara entre ellos sin arrastrarles en su viaje tuviera lugar. Era tan ridículo...

Solo había dos cosas en la que los expertos mostraban acuerdo, la primera de ellas, la invulnerabilidad de la raza humana y su precioso hotel galáctico, la segunda, la total y completa ignorancia sobre cuál sería la nueva trayectoria del gigante gaseoso, todo el debate era un insulto a la inteligencia.

Mi madre llegó con Vera a casa, podía notarse cierto nerviosismo en su rostro, la situación le preocupaba. En cada mano llevaba una bolsa de plástico blanco llena hasta casi rebosar, dirigiéndose a mí levantó una de ellas ligeramente.

-Sebástian, hay más en el coche, ayúdame a subirlas.

Con voz dulce y una caricia en la mejilla envió a mi hermana a su habitación y apago el televisor, mi madre sabia que Vera tendría que saber que estaba pasando tarde o temprano, pero quizás no se sentía aun preparada y la curiosidad de mi hermana la empujaría a hacer preguntas que no sabría como responder.

Ambos bajamos al garaje, el maletero del coche estaba repleto de bolsas, latas en conserva, leche en polvo, garrafas de agua y alimentos imperecederos las llenaban.

Mi madre había comenzado ya la transformación que todos sufriríamos, había abandonado su rol de ama de casa de vida despreocupada para empezar a pensar como una superviviente y asegurar su futuro y el de su familia. Las reglas que rigen el mundo estaban a punto de cambiar, las insignificantes entonces se volverían elementales y las elementales ahora serían ignoradas, mi madre quería adelantarse a ello.

Cuando extendí la mano para alcanzar una de las garrafas de agua me sujetó la muñeca con fuerza, la mire a los ojos y con gesto serio me pregunto.

-¿Qué crees que va a ocurrir?

Dudé unos instantes y me encogí de hombros mientras negaba con la cabeza, ella suspiró. Ambos sabíamos la respuesta a esa pregunta, pero ninguno quería responderla, hoy hubiera apretado con fuerza su mano, le habría dicho que aún había esperanza, que no debíamos preocuparnos, que si nos manteníamos unidos podríamos superar cualquier cosa, pero ya es tarde para eso, hace más de dos años que la perdimos en las revueltas, la echo tanto de menos...

CONTINUARÁ...

3 comentarios:

  1. En cierto modo siempre se cumplen las 5 etapas de la aceptación de la muerte, no? Aunque claro, no vas a negociar con el universo...

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  2. En esta parte no pone continuará... ¿ No nos dejaràs así verdad?

    Enhorabuena por el paso que has dado, espero que te siga mucha gente y que disfruten con tu lectura como ya lo estoy haciendo yo.

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    1. No, la historia aun continua, había olvidado añadirlo al final del texto, gracias por el apunte y por el comentario, me alegra saber que te gusta el relato ;).

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