Debido a un conflicto de derechos de autor con mi nueva editorial me he visto obligado a eliminar del blog las entradas sobre "El Sueño de Ángela". Pronto os informaré más acerca de éste hecho, disculpad cualquier molestia que os haya podido causar.
Un saludo.
Memorias de un inmortal
Blog de relatos cortos de un escritor amateur.
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miércoles, 3 de julio de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
HOMO EST MACHINA: GENESIS
Cuan ruinosa es la tierra que en herencia dejamos a nuestros hijos.
No puedo ver más a través de esta ventana que la miseria enraizada, brotando por doquier como una plaga. Por más de doce años han cabalgado los cuatro por estos campos que ahora son de fuego. Del cielo vinieron como dictaban las escrituras, pero nada divino había en ellos, solo una insaciable sed de conquista.
Nunca más, nos prometimos cuando se fueron. Nunca más guerras entre iguales, nunca más en nuestras propias casas, nunca más contra nuestros propios hermanos. Rompimos cualquier frontera que con vergüenza hubiéramos dibujado y apuntamos al oscuro y frio firmamento, más allá de la vista de cualquier ojo o ciencia, en los confines del tiempo y el espacio, ese era el límite, ese era el objetivo, lo imposible.
Nada sanó con más eficacia la demencia del hombre que los silbantes, un enemigo que vio en nuestro odio entre prójimos nuestra mayor debilidad y al que nosotros convertimos en nuestra mayor fortaleza. Unidos como uno solo no existían ya religiones, etnias, o colores en la piel, nada nos dividía, la humanidad privada ya de esperanza lucho suicida y gracias al coraje de una única mujer salió victoriosa.
Eva. La primera mujer, la primera de una nueva humanidad. Descendiendo en las profundas instalaciones hacia su encuentro sabía que el hombre no sería ya una presa temerosa que miraría con recelo las estrellas, amenazada por el regreso de lejanos conquistadores. El destino nos ha dado una nueva oportunidad, como al fénix, de resurgir de nuestras cenizas y lo haremos como colosos, nos convertiremos en la tempestad que sacuda la galaxia. Con el secreto de los heraldos, la voz de los dioses, seremos rectores del cosmos. Nosotros seremos la amenaza.
Su cuerpo yacía inerte sobre la cama, su alma era ahora energía que fluía a través de un cable hacia la nueva Eva. La vida de su caduco cuerpo se escapaba lentamente, el nuevo conservaba sus formas pero ni una cosa más. Sus huesos eran ahora titánicos pilares que podían soportar el peso del mundo, su carne era metálica, densa como la roca y su corazón una estrella presa.
Cuando el proceso culminó abrió los ojos, el brillo de sus azules iris, difuminándose entre los mechones negros de su melena era ya intimidante.
-¿Cómo te sientes?
-Nunca me he sentido mejor.
-¿Crees que puedes controlarlo?
Elevó los brazos y los contempló, pudo sentir el inmenso poder que la recorría, cuan atrás habían quedado para ella, en tan solo un instante, las debilidades del hombre, apretó los puños y me dijo:
-Ponme a prueba.
Y eso fue lo que hicimos. Sus sentidos eran infalibles, su fuerza arrolladora, su agilidad felina, su inteligencia sobrenatural. Había nacido la primera mujer de una nueva humanidad, la primera de muchas y con ella la condena de todo aquel que osara interponerse ante el hombre.
Que el universo recuerde este día, porque nos hemos convertido en dioses.
***
Esta entrada es una pequeña introducción a mi novela. Aún continúo preparando Distopía, mi intención es mejorar un poco con cada relato y necesito aún tiempo para madurarlo, os agradezco la paciencia.
Recordaos que podéis suscribiros al blog y recibir un aviso vía mail de las nuevas actualizaciones.
Un saludo.
sábado, 18 de mayo de 2013
Preparando Distopía y Valhalla.
Espero que hayáis disfrutado con el sueño de Ángela, incluso aquellos que tenéis preferencia por la ciencia ficción. Era una historia que había perfilado hace tiempo y tenía ganas de contar.
El próximo relato pertenece al género de la ficción distópica, como su propio título indica: “Distopía”. Es la historia de una metamorfosis y una guía a través de todo aquello que nos hace humanos.
A estas alturas ya debería estar terminado, por mi nueva forma de trabajar en el blog. Pero he estado liado estos días, y seguramente los próximos, con los primeros capítulos de mi novela “Valhalla”, de la que espero daros noticias pronto.
lunes, 15 de abril de 2013
GIJÓN
Gijón es mi tierra prometida, mi santuario, gigante de hormigón y cemento, centro de flujo de vida en el edén, mar y roca firme, futuro y amor eterno, sonrisa oculta, manos vacías, Gijón. Tiene un imán en su corazón para cada astilla en el mío, Gijón me ama y es mutuo, incluso empujado al destierro en su benevolencia permite que mis pasos inunden sus calles. Gijón vive, y es la única que me otorgó más de lo que merecía, si la carga de la tristeza era pesada, Gijón siempre equilibraba la balanza. Gijón es mujer y es morena, y dibuja su melena la espuma de las olas que quiebran su costa y yo, que querría conquistar su corazón, viéndome incapaz de ello no me conformaría el mundo.
Gijón es el hogar más cálido para un recuerdo, en él habitan sueños de una belleza inimaginable, en el horizonte, siempre mirando al horizonte, habita también la espuma de un barato licor francés derramado sobre las torres que rodearon un mar, el de sus ojos.
La voz del hijo del verso siempre la escuché en Gijón, en su noche gélida, respirando un aire tan denso que casi es líquido, su tenue, con el tiempo, aroma a fruta roja, fruta de la pasión, que aunque distante presente siempre en algún lugar, me impide que deje de recordarte, porque si Gijón me acuna, desde el crepúsculo hasta el último ocaso estas en mi pensamiento.
Gijón me ofreció un destino que no supe aprovechar y con más pena suya que mía, tuvo que arrebatármelo, tanto como ella a mí, la echo de menos, pero algún día volveré, sin ningún rencor y con orgullo, y es que la amo tanto que es más mía que de nadie porque cuando sea mi hogar y alguien me pregunte, ¿Eres de Gijón? yo responderé: no, Gijón es mía...
miércoles, 10 de abril de 2013
Preparando el certamen Editorial Universo.
Me tomaré unos días de descanso hasta la publicación del próximo relato, que espero poder comenzar este mismo sábado. No es una cuestión de pereza o falta de inspiración, sino de tiempo, el cual dedicaré a escribir un relato con el que participar en el concurso patrocinado por Editorial Universo y del que podéis informaros aquí:
http://ununiversodehistorias.blogspot.com.es/
Debido a las bases del concurso no puedo revelaros nada acerca del mismo. Las votaciones comenzarán el día 1 de mayo, espero que participéis y votéis por el que honestamente os parezca el mejor. ¡Desearme suerte!
JÚPITER CRECIENTE [Epílogo]
La gran mancha roja tiene al menos dos veces el tamaño de la Luna, su suave contoneo no hace inferior que bajo la piel, en lo profundo de sus entrañas haya vientos que podrían partirme en dos.
Doy gracias por estar a este lado del globo, de otra forma no podría disfrutar de tan bello acontecimiento, porque no hay nada más que belleza en cuanto tengo frente a mi. El mar se ha perdido ya en el horizonte en apenas cuestión de horas, imagino que a kilómetros de la costa, una colosal montaña de agua se eleva sobre los océanos.
He sobrevivido más que cualquier otro hombre, lo mismo al menos, y la recompensa es disfrutar de este espectáculo cósmico, sólo lamento no poder quedarme más tiempo para contemplarlo en toda su magnitud, pronto el aire se hará irrespirable.
Vera y mi padre permanecen en casa, bajo techo, quizás esperando que un milagro les salve, seguramente se habrán encerrado en el sótano porque es allí donde más seguros se sienten. Mi padre insistió varias veces en que les acompañara, en pasar el último día juntos, abrazados, recordando a nuestra madre.
Yo no quiero aferrarme a su recuerdo, ni a la idea de que mañana me habré reunido con ella, tampoco quiero prolongar lo inevitable ni fingir hoy que somos aún una familia, cuando a lo largo de más de dos años ni siquiera lo hemos intentado, hoy solo quiero sentirme en paz, en comunión conmigo mismo y con mi asesino.
Las luces del norte comienzan a pintar de color el cielo y las escasas nubes que lo pueblan se retuercen y se estiran hasta desmembrarse atraídas por el abrazo de Júpiter. En la lejanía puede oírse el lamento del planeta, su piel comienza a agrietarse y puedo sentirlo bajo mis pies. Un profundo dolor en el pecho me hace saber que el beso de la muerte no será tan dulce como esperaba, pero aún así me dejo llevar. Júpiter está robando nuestra atmósfera, segando con ello la vida del planeta. La presión cae hasta que un golpe seco y súbito directo al corazón detiene el tiempo.
Aun cuando no lo parece, la razón me hace pensar que apenas son unos segundos, en los que no veo mi vida pasar ante mis ojos, ni veo luces al final de un largo túnel, ni veo mi cuerpo derribado y desde arriba. Tan solo siento un libertad indescriptible, siento que la piel ya no es frontera y que el universo y yo somos uno, que soy energía liberada imposible de contener y que por fin, mi sueño se ha cumplido, porque irónicamente, nunca me he sentido tan vivo como en este mismo instante...
FIN.
martes, 9 de abril de 2013
JÚPITER CRECIENTE [Parte quinta]
No sabría decir a ciencia cierta lo que ocurrió después, el vehículo dio varias vueltas de campana, las ventanas laterales y la luna trasera estallaron lanzando cristales en todas direcciones, en lo que dura un pestañeo pude ver como todo cuando guardábamos en el maletero salía despedido por los aires, fue entonces cuando recibí un golpe en la cabeza.
Cuando abrí los ojos de nuevo tenía frente a mí a mi padre, gritando mi nombre y sacudiéndome enérgicamente para que despertara, tardé un par de segundos en reaccionar, mis movimientos eran lentos y torpes, pero un silbido me despertó definitivamente, un proyectil acababa de pasar a escasos metros de nuestra posición.
-¡Vamos Sebástian, tenemos que huir!
Salí aprisa del coche y di bandazos durante los primeros pasos pero cuando un aluvión de adrenalina inundó mi torrente sanguíneo, recuperé el equilibrio, mi vista se aclaró y mi corazón empezó a latir vigorosamente.
Apenas me detuve a pensar, mi madre corría alejándose de la calzada con Vera en brazos y mi padre y yo las seguíamos a través de una empinada loma coronada por un bosque plantado. Cuando me vi capaz de hacerlo torcí la mirada, pude ver dos focos de luz que corrían en nuestra dirección, agitándose de un lado al otro rápidamente, el coche estaba a un lado de la carretera completamente destrozado.
Bajo aquella oscuridad era imposible discernir qué había pasado, mi padre me diría después que un cadena situada de lado a lado del asfalto y equipada probablemente con un mecanismo similar al de un anzuelo había arrancado el eje delantero del coche y al tensarse esta debido a la inercia, el vehículo se habría elevado hasta volcar.
Nunca vería a aquellos dos hombres que nos perseguían con linternas, aunque aún hoy me arrepiento de actuar como lo hice. Nunca sabré si buscaban apropiarse de nuestros recursos o simplemente acabar con todo el que pasara, no se si eran soldados o civiles armados, tampoco vería jamás su rostro, lo que se es que uno de ellos se detuvo, elevó su linterna en dirección a la loma y abrió fuego.
Una ráfaga de balas cruzó varios metros por delante de mi posición y la de mi padre, cada impacto sacudió el suelo levantando una fina capa de polvo y tierra, aún no se había disipado ésta cuando mi madre cayó al suelo.
El tiempo se detuvo, la luz dejó de enfocar la escena y todo quedó de nuevo a oscuras, el eco de los gritos de mi padre taladró mis tímpanos, yo no era capaz de articular sonido alguno.
Si hay una imagen que a lo largo de estos 3 interminables años me persiga más que ninguna otra en mis pesadillas fue el rostro de Vera en el mismo instante en que mi padre se arrodilló ante su mujer. No sabría como definir el pánico, la confusión, la rabia que había en los ojos de mi hermana, tenía el rostro desencajado, a punto de estallar, su inocencia había muerto con aquel disparo.
Mi padre giró violentamente el cuerpo de mi madre, tenía dos impactos de bala en el pecho, pero la sangre ya no brotaba. Con sus ojos caoba abiertos de par en par, mirando a ninguna parte y sus mejillas aun rosadas y cálidas, parecía estar petrificada pero llena de vida.
Pero no era así, mi madre había muerto en el acto, sin palabras o besos de despedida, sin saber hasta qué punto la quería, sin abrazar al hombre de su vida ni dar a Vera su último consejo, simplemente se había ido, en una fracción de segundo, mi madre había dejado de existir.
Sólo Dios sabe la ira que fui capaz de contener en mi interior durante esos instantes, porque ni siquiera yo sería capaz de imaginarla hoy, un calor tan intenso que oprimía mi pecho como una presa a punto de estallar y si mi padre no hubiera aplacado tal fuerza y hubiese tenido tan sólo un segundo más para pensar, me habría lanzado en la dirección opuesta, hacia una muerte segura, sólo para saciar la intensa sed que había despertado en mí.
Corrimos al interior del bosque, sin mirar atrás, sin pensar, como autómatas, impulsados únicamente por el instinto de supervivencia, mi mente solo era capaz en aquellos momentos de coordinar mis dos piernas, todo lo demás era secundario. Pasados unos minutos, las luces dejaron de perseguirnos, reducimos el paso y cuando el sol empezó a arañar el horizonte nos detuvimos y soltamos todo lo que llevábamos dentro. Sólo en aquel momento, cuando fuimos por primera vez conscientes pudimos llorar.
Un viaje de dos días a pie nos llevaría de vuelta a la playa en la que estoy ahora. En ella pasaríamos dos años y medio, sobreviviendo a base de pescado, frutas, hortalizas y el agua de las precipitaciones. La muerte de mi madre marcó un antes y un después, nada fue igual desde entonces, mi hermana no haría uso de su voz nunca mas, y mi padre se volvió distante y frío. La vida, quizás ya no monótona ahora, seguía siendo mecánica, no había motivo alguno para despertar al día siguiente, pero aún así lo hacíamos.
Salvo las tormentas, nada perturbó nuestra existencia durante estos dos años y medio, ningún otro ser humano visitaría esta playa, se había convertido en el refugio perfecto, pero sin mi madre, no era más que una prisión en medio de ninguna parte y yo un condenado deseando que mi hora llegase.
Mi verdugo era ya una colosal esfera roja en el firmamento, tan enorme que apenas había espacio en el cielo para el brillo de las estrellas. El sol se había puesto hacía ya veintidós horas y la temperatura había caído por debajo de los cero grados.
Hoy es el primer día de “la última semana”, aunque estaba seguro de que no viviría los siete restantes.
CONTINUARÁ...
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