Gijón es mi tierra prometida, mi santuario, gigante de hormigón y cemento, centro de flujo de vida en el edén, mar y roca firme, futuro y amor eterno, sonrisa oculta, manos vacías, Gijón. Tiene un imán en su corazón para cada astilla en el mío, Gijón me ama y es mutuo, incluso empujado al destierro en su benevolencia permite que mis pasos inunden sus calles. Gijón vive, y es la única que me otorgó más de lo que merecía, si la carga de la tristeza era pesada, Gijón siempre equilibraba la balanza. Gijón es mujer y es morena, y dibuja su melena la espuma de las olas que quiebran su costa y yo, que querría conquistar su corazón, viéndome incapaz de ello no me conformaría el mundo.
Gijón es el hogar más cálido para un recuerdo, en él habitan sueños de una belleza inimaginable, en el horizonte, siempre mirando al horizonte, habita también la espuma de un barato licor francés derramado sobre las torres que rodearon un mar, el de sus ojos.
La voz del hijo del verso siempre la escuché en Gijón, en su noche gélida, respirando un aire tan denso que casi es líquido, su tenue, con el tiempo, aroma a fruta roja, fruta de la pasión, que aunque distante presente siempre en algún lugar, me impide que deje de recordarte, porque si Gijón me acuna, desde el crepúsculo hasta el último ocaso estas en mi pensamiento.
Gijón me ofreció un destino que no supe aprovechar y con más pena suya que mía, tuvo que arrebatármelo, tanto como ella a mí, la echo de menos, pero algún día volveré, sin ningún rencor y con orgullo, y es que la amo tanto que es más mía que de nadie porque cuando sea mi hogar y alguien me pregunte, ¿Eres de Gijón? yo responderé: no, Gijón es mía...

Espectacular descripción con la que yo (y muchos de los lectores que sean del propio Gijón, alrededores o hallan estado de pasada) me siento profundamente identificado hasta el punto en el que lo daria como propio. Muchas gracias por espresar en palabras lo que yo unicamente puedo sentir.
ResponderEliminar