La gran mancha roja tiene al menos dos veces el tamaño de la Luna, su suave contoneo no hace inferior que bajo la piel, en lo profundo de sus entrañas haya vientos que podrían partirme en dos.
Doy gracias por estar a este lado del globo, de otra forma no podría disfrutar de tan bello acontecimiento, porque no hay nada más que belleza en cuanto tengo frente a mi. El mar se ha perdido ya en el horizonte en apenas cuestión de horas, imagino que a kilómetros de la costa, una colosal montaña de agua se eleva sobre los océanos.
He sobrevivido más que cualquier otro hombre, lo mismo al menos, y la recompensa es disfrutar de este espectáculo cósmico, sólo lamento no poder quedarme más tiempo para contemplarlo en toda su magnitud, pronto el aire se hará irrespirable.
Vera y mi padre permanecen en casa, bajo techo, quizás esperando que un milagro les salve, seguramente se habrán encerrado en el sótano porque es allí donde más seguros se sienten. Mi padre insistió varias veces en que les acompañara, en pasar el último día juntos, abrazados, recordando a nuestra madre.
Yo no quiero aferrarme a su recuerdo, ni a la idea de que mañana me habré reunido con ella, tampoco quiero prolongar lo inevitable ni fingir hoy que somos aún una familia, cuando a lo largo de más de dos años ni siquiera lo hemos intentado, hoy solo quiero sentirme en paz, en comunión conmigo mismo y con mi asesino.
Las luces del norte comienzan a pintar de color el cielo y las escasas nubes que lo pueblan se retuercen y se estiran hasta desmembrarse atraídas por el abrazo de Júpiter. En la lejanía puede oírse el lamento del planeta, su piel comienza a agrietarse y puedo sentirlo bajo mis pies. Un profundo dolor en el pecho me hace saber que el beso de la muerte no será tan dulce como esperaba, pero aún así me dejo llevar. Júpiter está robando nuestra atmósfera, segando con ello la vida del planeta. La presión cae hasta que un golpe seco y súbito directo al corazón detiene el tiempo.
Aun cuando no lo parece, la razón me hace pensar que apenas son unos segundos, en los que no veo mi vida pasar ante mis ojos, ni veo luces al final de un largo túnel, ni veo mi cuerpo derribado y desde arriba. Tan solo siento un libertad indescriptible, siento que la piel ya no es frontera y que el universo y yo somos uno, que soy energía liberada imposible de contener y que por fin, mi sueño se ha cumplido, porque irónicamente, nunca me he sentido tan vivo como en este mismo instante...
FIN.

No hay comentarios:
Publicar un comentario