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martes, 9 de abril de 2013

JÚPITER CRECIENTE [Parte quinta]


No sabría decir a ciencia cierta lo que ocurrió después, el vehículo dio varias vueltas de campana, las ventanas laterales y la luna trasera estallaron lanzando cristales en todas direcciones, en lo que dura un pestañeo pude ver como todo cuando guardábamos en el maletero salía despedido por los aires, fue entonces cuando recibí un golpe en la cabeza.

Cuando abrí los ojos de nuevo tenía frente a mí a mi padre, gritando mi nombre y sacudiéndome enérgicamente para que despertara, tardé un par de segundos en reaccionar, mis movimientos eran lentos y torpes, pero un silbido me despertó definitivamente, un proyectil acababa de pasar a escasos metros de nuestra posición.

-¡Vamos Sebástian, tenemos que huir!

Salí aprisa del coche y di bandazos durante los primeros pasos pero cuando un aluvión de adrenalina inundó mi torrente sanguíneo, recuperé el equilibrio, mi vista se aclaró y mi corazón empezó a latir vigorosamente.

Apenas me detuve a pensar, mi madre corría alejándose de la calzada con Vera en brazos y mi padre y yo las seguíamos a través de una empinada loma coronada por un bosque plantado. Cuando me vi capaz de hacerlo torcí la mirada, pude ver dos focos de luz que corrían en nuestra dirección, agitándose de un lado al otro rápidamente, el coche estaba a un lado de la carretera completamente destrozado.

Bajo aquella oscuridad era imposible discernir qué había pasado, mi padre me diría después que un cadena situada de lado a lado del asfalto y equipada probablemente con un mecanismo similar al de un anzuelo había arrancado el eje delantero del coche y al tensarse esta debido a la inercia, el vehículo se habría elevado hasta volcar.

Nunca vería a aquellos dos hombres que nos perseguían con linternas, aunque aún hoy me arrepiento de actuar como lo hice. Nunca sabré si buscaban apropiarse de nuestros recursos o simplemente acabar con todo el que pasara, no se si eran soldados o civiles armados, tampoco vería jamás su rostro, lo que se es que uno de ellos se detuvo, elevó su linterna en dirección a la loma y abrió fuego.

Una ráfaga de balas cruzó varios metros por delante de mi posición y la de mi padre, cada impacto sacudió el suelo levantando una fina capa de polvo y tierra, aún no se había disipado ésta cuando mi madre cayó al suelo.

El tiempo se detuvo, la luz dejó de enfocar la escena y todo quedó de nuevo a oscuras, el eco de los gritos de mi padre taladró mis tímpanos, yo no era capaz de articular sonido alguno.

Si hay una imagen que a lo largo de estos 3 interminables años me persiga más que ninguna otra en mis pesadillas fue el rostro de Vera en el mismo instante en que mi padre se arrodilló ante su mujer. No sabría como definir el pánico, la confusión, la rabia que había en los ojos de mi hermana, tenía el rostro desencajado, a punto de estallar, su inocencia había muerto con aquel disparo.

Mi padre giró violentamente el cuerpo de mi madre, tenía dos impactos de bala en el pecho, pero la sangre ya no brotaba. Con sus ojos caoba abiertos de par en par, mirando a ninguna parte y sus mejillas aun rosadas y cálidas, parecía estar petrificada pero llena de vida.

Pero no era así, mi madre había muerto en el acto, sin palabras o besos de despedida, sin saber hasta qué punto la quería, sin abrazar al hombre de su vida ni dar a Vera su último consejo, simplemente se había ido, en una fracción de segundo, mi madre había dejado de existir.

Sólo Dios sabe la ira que fui capaz de contener en mi interior durante esos instantes, porque ni siquiera yo sería capaz de imaginarla hoy, un calor tan intenso que oprimía mi pecho como una presa a punto de estallar y si mi padre no hubiera aplacado tal fuerza y hubiese tenido tan sólo un segundo más para pensar, me habría lanzado en la dirección opuesta, hacia una muerte segura, sólo para saciar la intensa sed que había despertado en mí.

Corrimos al interior del bosque, sin mirar atrás, sin pensar, como autómatas, impulsados únicamente por el instinto de supervivencia, mi mente solo era capaz en aquellos momentos de coordinar mis dos piernas, todo lo demás era secundario. Pasados unos minutos, las luces dejaron de perseguirnos, reducimos el paso y cuando el sol empezó a arañar el horizonte nos detuvimos y soltamos todo lo que llevábamos dentro. Sólo en aquel momento, cuando fuimos por primera vez conscientes pudimos llorar.

Un viaje de dos días a pie nos llevaría de vuelta a la playa en la que estoy ahora. En ella pasaríamos dos años y medio, sobreviviendo a base de pescado, frutas, hortalizas y el agua de las precipitaciones. La muerte de mi madre marcó un antes y un después, nada fue igual desde entonces, mi hermana no haría uso de su voz nunca mas, y mi padre se volvió distante y frío. La vida, quizás ya no monótona ahora, seguía siendo mecánica, no había motivo alguno para despertar al día siguiente, pero aún así lo hacíamos.

Salvo las tormentas, nada perturbó nuestra existencia durante estos dos años y medio, ningún otro ser humano visitaría esta playa, se había convertido en el refugio perfecto, pero sin mi madre, no era más que una prisión en medio de ninguna parte y yo un condenado deseando que mi hora llegase.

Mi verdugo era ya una colosal esfera roja en el firmamento, tan enorme que apenas había espacio en el cielo para el brillo de las estrellas. El sol se había puesto hacía ya veintidós horas y la temperatura había caído por debajo de los cero grados.

Hoy es el primer día de “la última semana”, aunque estaba seguro de que no viviría los siete restantes.

CONTINUARÁ...

2 comentarios:

  1. Estilo ni sobrio ni excesivamente recargado, con buenas descripciones ,un toque de emotividad, crítica llamativa y capacidad de captar la atención del lector. Todas ellas son características que ,desde mi punto de vista de lectora y escritora aficionada, son las claves para escribir una buena historia.
    Espero la próxima parte.

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    1. Muchas gracias, vuestros comentarios me animan a seguir, espero que la sexta y última parte no os defraude.

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