Nunca había captado la belleza de esta playa con tanta intensidad como hoy. La dulce brisa con aroma a sal, el extenso campo de arena que me separaba del agua y las pequeñas y redondas piedras que asomaban entre la espuma de la última ola en retirada.
El paisaje no tenía nada de distinto respecto a la primera vez que lo vi, el nivel del mar descendió como nos advirtieron en televisión, pero lo había hecho de una forma tan sutil y a lo largo de tantos meses que era fácil adaptarse a la diferencia.
Era la misma playa a la que mis abuelos me traían años atrás, lo que había cambiado era mi forma de verla. Era tan perfecta ahora, tan efímera. Había pasado por alto la belleza del mundo, daba por sentado que siempre tendría tiempo de volver y disfrutar con mis cinco sentidos todo lo que aquel horizonte podía ofrecerme.
Muchas veces pensé en que algún día, cuando fuese mayor, cuando encontrase a una mujer con la que compartir mis días la traería a este lugar imaginando que lo disfrutaría tanto como lo hago yo ahora, con esta sensibilidad que creía no poseer.
No solo mi visión de este lugar ha cambiado, todo en mi lo ha hecho y ha ocurrido sin apenas darme cuenta. No importa cuantas veces en el pasado hubiera fantaseado con una situación similar, nada te prepara para algo así.
Recuerdo que no era una pensamiento que pudieras compartir con todo el mundo, no era fácil de entender que en cierto modo, anhelara que una catástrofe de estas proporciones tuviera lugar, cualquier persona normal me vería como a un loco suicida sin ningún tipo de apego por la vida o por sus semejantes, pero nada más lejos de la realidad, la vida era lo que más deseaba.
En los últimos años de universidad mi existencia se había vuelto monótona, frustrante, previsible, hubo grandes cambios en mí durante aquella época, maduré, quizás, si puede así decirse, aunque lo único que hice realmente fue tomar consciencia de lo rutinaria que sería mi vida hasta sus últimos días y desde antes incluso de empezar a vivirla.
Me sentía engañado, en gran medida por la realidad que mis padres, la sociedad y la televisión me habían prometido, me había mostrado un futuro lleno de emociones, de experiencias, un viaje merecedor de cualquier sacrificio, un camino que jamás recorrería, y debía empezar a aceptarlo.
Recuerdo perfectamente aquel día. El despertador sonó como cada mañana, a las 8 en punto, me despojé de las sabanas y me di una ducha. En la cocina, una taza de café caliente y pastas me estaba esperando. Mi madre recogía los platos sucios, mi padre leía el periódico y mi hermana pequeña hundía con la cuchara los cereales en su bol de leche, en la tele, su programa favorito, las aventuras animadas de una pequeña ardilla con voz estridente. La misma imagen de cada día, repetida una y mil veces, copias casi idénticas unas de otras, así era la vida, hasta esa mañana.
La ardilla quedo muda, la imagen se congeló unos instantes y tras ella apareció la carta de ajuste, pocos segundos transcurrieron hasta que la sintonía que da entrada a los informativos matutinos atrajo la atención de toda mi familia.
“Interrumpimos la programación para ofrecerles una noticia de última hora, esta madrugada la NASA y la Agencia Espacial Internacional, en colaboración con astrónomos independientes han descubierto que, por motivos que aún se desconocen, Júpiter ha abandonado su órbita y se encuentra actualmente en dirección al sistema solar interior, aún no disponemos de la información necesaria para realizar predicciones sobre las consecuencias de este fenómeno, pero rogamos a los televidentes que continúen con su vida normal, pues actualmente, no se cree que la situación revista peligro”
El tan clásico, vacuo y cerebral mensaje que hubiera esperado en una situación así. Mi hermana pequeña no pudo entender qué ocurría, pero le bastó observa mi cara y la de nuestros padres para saber que efectivamente, algo estaba pasando. Pese a la preocupación de mi madre y la incredulidad de mi padre, hicimos, como no podía ser de otro modo, caso a la televisión y continuamos con nuestras vidas.
En la universidad no había otro tema de conversación, las reacciones habían sido muy dispares, algunos, los más, reaccionaron con miedo, otros tantos con confianza ante el enlatado mensaje de calma, otros con indiferencia o sorpresa. Yo no estaba en ninguno de aquellos grupos, mi reacción era de júbilo, de entusiasmo, por fin algo iba a cambiar el mecánico y repetitivo suceder de los días, una agitación era justo lo que necesitaba, lo que había deseado todos estos años.
Yo sabía que la televisión mentía, que las consecuencias de tal descubrimiento serían catastróficas, que cundiría el pánico cuando el mundo fuese consciente, que el único motivo por el que las autoridades no habían ocultado un hecho de tal magnitud era que cualquier persona con un telescopio y la formación necesaria podría haberse dado cuenta de que algo muy grande iba a suceder. Por aquel entonces no era plenamente consciente de lo extremo de nuestra situación.
CONTINUARÁ...

Interesante visión de la sociedad y como no queremos ver más verdad que la mostrada en tv, prensa... la cual intenta manipularnos y que aceptemos que una vida "normal" (levantarse a la misma hora, pagar la hipocteca, la luz, el agua sin hacer preguntas, solo pagando) y monótona es la buena y la correcta.
ResponderEliminarEspero que el continuará sea cierto y saber como actuará la sociedad mostrada en tu relato cuando sepan que es inevitable el fin de nuestra sociedad "perfecta" y lobotomizada.