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martes, 28 de mayo de 2013

HOMO EST MACHINA: GENESIS

Cuan ruinosa es la tierra que en herencia dejamos a nuestros hijos.
No puedo ver más a través de esta ventana que la miseria enraizada, brotando por doquier como una plaga. Por más de doce años han cabalgado los cuatro por estos campos que ahora son de fuego. Del cielo vinieron como dictaban las escrituras, pero nada divino había en ellos, solo una insaciable sed de conquista.
Nunca más, nos prometimos cuando se fueron. Nunca más guerras entre iguales, nunca más en nuestras propias casas, nunca más contra nuestros propios hermanos. Rompimos cualquier frontera que con vergüenza hubiéramos dibujado y apuntamos al oscuro y frio firmamento, más allá de la vista de cualquier ojo o ciencia, en los confines del tiempo y el espacio, ese era el límite, ese era el objetivo, lo imposible.
Nada sanó con más eficacia la demencia del hombre que los silbantes, un enemigo que vio en nuestro odio entre prójimos nuestra mayor debilidad y al que nosotros convertimos en nuestra mayor fortaleza. Unidos como uno solo no existían ya religiones, etnias, o colores en la piel, nada nos dividía, la humanidad privada ya de esperanza lucho suicida y gracias al coraje de una única mujer salió victoriosa.
Eva. La primera mujer, la primera de una nueva humanidad. Descendiendo en las profundas instalaciones hacia su encuentro sabía que el hombre no sería ya una presa temerosa que miraría con recelo las estrellas, amenazada por el regreso de lejanos conquistadores. El destino nos ha dado una nueva oportunidad, como al fénix, de resurgir de nuestras cenizas y lo haremos como colosos, nos convertiremos en la tempestad que sacuda la galaxia. Con el secreto de los heraldos, la voz de los dioses, seremos rectores del cosmos. Nosotros seremos la amenaza.
Su cuerpo yacía inerte sobre la cama, su alma era ahora energía que fluía a través de un cable hacia la nueva Eva. La vida de su caduco cuerpo se escapaba lentamente, el nuevo conservaba sus formas pero ni una cosa más. Sus huesos eran ahora titánicos pilares que podían soportar el peso del mundo, su carne era metálica, densa como la roca y su corazón una estrella presa.
Cuando el proceso culminó abrió los ojos, el brillo de sus azules iris, difuminándose entre los mechones negros de su melena era ya intimidante.
-¿Cómo te sientes?
-Nunca me he sentido mejor.
-¿Crees que puedes controlarlo?
Elevó los brazos y los contempló, pudo sentir el inmenso poder que la recorría, cuan atrás habían quedado para ella, en tan solo un instante, las debilidades del hombre, apretó los puños y me dijo:
-Ponme a prueba.
Y eso fue lo que hicimos. Sus sentidos eran infalibles, su fuerza arrolladora, su agilidad felina, su inteligencia sobrenatural. Había nacido la primera mujer de una nueva humanidad, la primera de muchas y con ella la condena de todo aquel que osara interponerse ante el hombre.
Que el universo recuerde este día, porque nos hemos convertido en dioses.
***
Esta entrada es una pequeña introducción a mi novela. Aún continúo preparando Distopía, mi intención es mejorar un poco con cada relato y necesito aún tiempo para madurarlo, os agradezco la paciencia.
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Un saludo.

1 comentario:

  1. Oscar quiero darte mi grandísima enhorabuena, escribes muy bien y siempre nos dejas intrigados por el que sucederá después. Animo y sigue así.

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